7 de junio de 2012

101 KM SOLIDARIOS

Puede que suene a tópico pero hay cosas en la vida que, por mucho dinero que se tenga, uno nunca podría llegar a tener... Mejor dicho, nunca podría llegar a sentir.
Lo que se vivió el domingo, con motivo de esta iniciativa, es una de esas cosas que no hay dinero que lo pague y que permanecerán en el recuerdo durante toda mi vida.
Me siento millonario, rico de felicidad.
Mientras escribo estas líneas me venís a la cabeza tod@s y cada un@ de los que, de una forma u otra, me alentásteis e hicistéis que los "101 Km Solidarios" se convirtieran en algo tan especial.
Me encuentro en un compromiso por no poder mencionaros uno a uno...
No obstante, sigo apuntando en esa libreta, de la que ya he hablado en otras ocasiones, y que guardo en un rincón muy cerca de mi corazón.
Esta es la primera crónica en la que no encuentro el momento, ni la inspiración necesarios para escribirla, ya que me he dado cuenta de que, por mucho que intente hacerlo, nunca podré plasmar con palabras toda la emoción que me hicistéis y hacéis sentir. Aún así, vamos allá...


La noche anterior a tomar la salida no pude pegar ojo. Multitud de pensamientos invadían mi cabeza cada vez que juntaba mis párpados y una especie de ansiedad invadía mi cuerpo. Presentía que el domingo iba a ser un día especial, una jornada llena de emociones. Únicamente podía resignarme a que llegaran cuanto antes las 8:00 horas para centrarme en avanzar dirección a Covadonga.
Por fin, tras tragarme toda la programación con la que "Teledeporte" (al igual que en otras ocasiones) me quiso amenizar las largas horas nocturnas, amanece y se acerca el momento...
Una buena ducha para despejar, seguida de un desayuno de campeonato es la mejor forma que se me ocurre para alejar a los fantasmas y pensar en positivo.
Había mucha gente pendiente de mí y no podía ni quería "fallar".
Juanjo y Maky me esperan para dirigirnos hacia la salida, donde me llevo la primera sorpresa del día, ya que multitud de amig@s, a pesar de ser domingo a primera hora, habían puesto el despertador para estar presentes y alentarme en esta empresa que comenzaba.
Aún no habíamos arrancado y ya empezaban a asomar mis primeras lágrimas que, sin que pudiera hacer nada por evitarlo, delataban mis sentimientos.
Tenía las emociones a flor de piel...

En la salida, con parte de la grupeta
Las campanas de la iglesia marcan el comienzo de la ruta. Por delante 101 km...

Primeras zancadas, con Víctor, Miguel y Maky
Los primeros metros sirven para desentumecer un poco las piernas e ir intentando amueblar la cabeza y prepararla para cuando llegaran los momentos críticos (que los habría...).
Entre risas y buen ambiente llegamos a Tiraña donde comenzaríamos el ascenso a La Faya de los Lobos, primera dificultad montañosa del día.

En la base del puerto
Curva de "La Arbeya"
Entre la niebla, coronando el puerto
En lo alto del puerto se podía sentir el frío de la mañana, cosa que era una buena noticia ya que hacía presagiar que la temperatura no sería demasiado elevada durante el resto de la ruta y, si la lluvia no hacía aparición, el día estaría perfecto para correr.
Tras comer algo y abrigarse, despedimos a Miguel y comenzamos el descenso hacia Nava donde Gerardo y Raúl se unirían a la grupeta para completar sus "kilómetros contra el cáncer".
Intento mantener ritmos siempre en torno a 5 min/km con el fin de ir haciendo los pasos por las localidades según el horario previsto. 
Eran las 10:00 horas cuando hacíamos aparición en Nava (km 25), localidad donde Víctor y Maky se despedirían de mí. 
¡Una cuarta parte del recorrido ya estaba completada!

Entrada en Nava
Trece kilómetros separan Nava de Infiesto, lugar donde nos esperaría el autobús con avituallamiento y ropa para cambiarme. Multitud de familiares y amig@s que no quisieron dejarme sólo en esta aventura formaban parte del mismo, haciendo que todo tuviera un poco más de sentido.
Durante este trayecto, Raúl es el encargado de quemar la suela a mi lado, siempre custodiados por los compañeros que, a lomos de sus bicicletas, velaron por nuestra seguridad desde primera hora de la mañana (Montse, Jesús, Rubén, Adrián...).
Javier "El Cabra" y Ramón "El Cubano" harían lo propio en moto.
Pasadas las 11:00 horas llegábamos a Infiesto (Km 38).

Con Raúl, recibidos por mi hija y demás amig@s
Tras hacer una parada corta para cambiarme de ropa y comer algo emprendo la marcha junto a Floren y Diego que le darían el relevo al bueno de Raúl.
Fran, Pablo y Andrés se unen a la grupeta de ciclistas que nos custodiaban.
Desde aquí, Tonín, Chicho y Finín (representantes de Protección Civil de Laviana) también velarían porque todo siguiera por los cauces normales.

En Infiesto con Dieguín y Floren
Arriondas sería la próxima parada. Podíamos decir que en mi cabeza, tras las de Nava e Infiesto, esta sería mi tercera "meta psicológica". 
Por delante veinte kilómetros más para el cuerpo...
La compañía de Floren y Diego hace que las rectas de Villamayor y Sevares no parezcan tan largas y así, siempre en ritmos en torno a 5 min/km, seguimos devorando kilómetros.

Adrián y Rubén, abriendo paso
A las 13:00 horas hacíamos aparición en Arriondas (Km 58).
¡Más de la mitad de la ruta estaba completada!.
Pequeña parada para comer algo y secar el sudor que arrollaba por mi cuerpo debido a que el sol empezaba a apretar.
Nuevas unidades hacían crecer la grupeta ciclista que llenaba de colorido la ruta. Mi hermano Pablo, acompañado de muy buenos amigos como Gamo, Jairo, Rubén, Chelu, Pelayo... (pido disculpas si alguien se me olvida)  se unían a la expedición.
Por fin abandonaríamos tantos kilómetros de carretera y largas rectas y cogeríamos la senda que une las localidades de Arriondas y Cangas de Onís. 
Floren y Diego deciden seguir conmigo.
Pasadas las 13:30 horas llegábamos a Cangas de Onís (Km 65).
Aquí hago un inciso para decir que, como una imagen vale más que mil palabras, esta foto refleja un poco la unión que hubo durante toda la jornada.

La grupeta, al paso por Cangas de Onís
Las piernas empiezan a pesar. No en vano ya son casi 70 los kilómetros recorridos...
Decido no hacer parada en Cangas de Onís y, tras despedir a Floren que daba por concluida su gran y (para mí) valiosa aportación, continúo dirección a Covadonga.
Le comento a Diego que se pare si quiere, que no tiene que seguir. Aquello era un tema mío y bastante había hecho ya. No quería complicarle la vida a nadie...
Diego, en un acto de coraje que le define como la gran persona que es, se me queda mirando a los ojos y me suelta (palabras textuales) aquello de "You'll Never Walk Alone".

"Nunca caminarás solo"
Cuando el físico no responde, la cabeza entra en acción.
Que un tío al que le pesan más sus güevos que el resto del cuerpo te diga esto en esa situación, hace que todo tenga sentido... Quizás haya que vivir el momento para entender lo que quiero expresar pero así lo quiero compartir.
Si aún no lo tenía claro, aquello me había hecho entender un poco mejor porqué me hice y me siento deportista. Desde entonces valoro mucho más las cosas y me siento mejor persona.
Siguiendo con la ruta, el trayecto que nos separa de Covadonga se hace un poco duro. Diego no va bien y a mí, por si ya tenía poco, me entran unas ganas tremendas de ir al baño, lo que me obliga a hacer una parada de urgencia en uno de los matorrales que sirvieron de wc.
Así completamos los últimos kilómetros antes de iniciar la dura subida a "Los Lagos".
Faltaban algo más de diez minutos para que el reloj marcara las 15:00 horas cuando la majestuosidad de un lugar tan imponente como Covadonga nos recibía (Km 76).
¡En menos de siete horas me había plantado en Covadonga!. Tenía margen más que suficiente para comer algo, cambiarme de ropa y cargar las pilas para afrontar las duras rampas que nos llevarían al Lago Enol.
Tras un masaje y un buen bocadillo de lomo con queso que me supo a gloria, siempre acompañado por Diego, la grupeta ciclista, las motos y los compañeros de Protección Civil, inicio la subida a "Los Lagos".

Primeras rampas
Aquí sufro una crisis bastante grande. Una mezcla de sensaciones, unidas al cansancio y las ganas de completar aquella aventura se me juntan y arranco a llorar. 
Mi cuerpo necesitaba expulsar adrenalina y decidió hacerlo en forma de lágrimas.
Los kilómetros pasaban lentos, muy lentos... "Vamos, vamos, vamos..."

Durante la subida, al paso por el "Mirador de la Reina"
Pensaba que tenía que darle gracias a Dios por, al contrario que otr@s, tener salud para estar ahí haciendo algo por los demás y acompañado de multitud de amig@s.
Cada paso que daba era por toda esa gente que han sido, son y/o serán/seremos víctima de una enfermedad como el cáncer... 
Pero sobre todo por mi amigo "Boti" y por mi padre que, con un pulmón reventado a causa de la puta enfermedad y ahogado como se encuentra, había hecho el esfuerzo de viajar y estar todo el día al pie del cañón para esperarme en Covadonga.
¿Alguien encuentra una motivación mayor que ésta...? ¡Yo, no!.
Así, junto a Diego sigo descontando kilómetros...80... 81... 82... 83... 84... 85...
Un paso más hacia adelante suponía un paso menos para llegar al km 101.
Durante la subida, a mitad de la misma, el dúo se convierte en trío ya que Maky, que ya me había acompañado durante los primeros 25 km de la jornada, se une a nosotros para hacer el resto de la ruta. 
Su padre también está luchando contra esta enfermedad y para Maky también ésta era una iniciativa que le tocaba muy de cerca.

Junto a Maky y Diego, en las últimas rampas
A más de 1.100 mts de altitud y la fatiga acumulada durante toda la jornada se hacía muy difícil mantener una respiración normal. Volví a acordarme de mi padre y por un momento me di cuenta de como se podía sentir él...
La niebla escondía en el horizonte la curva donde se encuentra el "Lago Enol" (km 89), lugar donde emprenderíamos el descenso hacía la Santa Cueva.

La prueba de que llegamos al punto de retorno
Iniciamos el descenso. ¡Aquello estaba hecho!.
Desde las plantas de los pies hasta la nuca me dolía todo, pero ya nada podía detenerme.
En mi cabeza empiezo a imaginarme la llegada a Covadonga con toda mi gente aguardando aquel momento tan especial para tod@s.
Km 93... 94... 95... 96... 97... 98... 99... ¡Ya se divisa la basílica!.
Me emociono mucho. Quiero llorar pero no puedo... Sonrío y doy las gracias.
¡Unas cien personas aguardaban aquel momento!. Cien personas que se habían desplazado hasta Covadonga para estar conmigo, con mi familia... Cien personas que me gustaría mencionar una a una... Cien personas que, desde el domingo, serán especiales para mí...

"¡Gracies por acompañame!"
Aún no habíamos llegado al Km 101. En un último esfuerzo, sacando fuerzas de no sé dónde, decido subir hasta la Basilica con el fin de ganarle unos metros a la ruta.

Ascenso hacia la Basílica
El mismísimo Rey Pelayo sería testigo principal de que un grupo de amig@s, un 3 de junio de 2012, corrimos nuestros kilómetros contra el cáncer. 
No serán los últimos...

Con Pelayo, que nos saluda
Aquello había llegado a su fin... Pasadas las 18:30 horas, después de algo más de 10 horas y 30' terminaba mi particular carrera contra el cáncer.
Mi hija Aitana capitaneaba a un grupo de gente que me esperaba emocionado. 

¡101 km completados!
Me fundo en un abrazo con mi madre que hizo que todo el cansancio acumulado se viera recompensado de alguna manera. Con mi esfuerzo había conseguido el mejor de los regalos que un hijo puede recibir.

Abrazado a mi madre
Aún quedaba el último esfuerzo del día. Unas cuantas escaleras que tendría que subir para llegar a la Santa Cueva donde "La Santina" nos esperaba.

Subiendo a la Santa Cueva
Tras darle las gracias a tod@s los presentes por estar ahí, apoyándome y "empujándome" durante todo el día, junto a mi hija Aitana que no se separaba de mí ni un instante, en nombre de todo el grupo le entrego a "La Santina" un ramo de flores en señal de ofrenda y le pido que siga protegiéndonos.

Tras la ofrenda a "La Santina"
Con la mirada busco a la persona que, en esos momentos, más quería ver y abrazar. Sabía que mi padre, por su forma de ser, estaría viendo los toros desde la barrera.
Pregunto por él pero nadie lo ha visto... Me dirijo hacia el exterior de La Cueva para buscarle y ahí estaba.
Manuel (Lin), que así se llama uno de los culpables de que éste que escribe pueda hacerlo, es una persona introvertida, de pocas palabras pero de gran corazón. 
Una persona a la que una especie de "barrera" siempre me impidió darle todos los besos y/o abrazos que me hubiera gustado...
...Una "barrera" que el domingo derribé y que nunca volverá interponerse entre nosotros. Porque él ha sido el motor principal que me ha llevado a esto.

Con mi padre
En un pequeño acto, después de coger un poco de aire, pude hacerle entrega a Carlos Suárez Nieto (director del IUOPA) del cheque por valor de 4.430€ que, gracias a esta iniciativa, pudimos recaudar y que irán destinados íntegramente a la investigación para la posterior lucha contra el cáncer.

¡Entre tod@s lo hemos conseguido!
Podría seguir extendiéndome hasta mañana dando las gracias a todos los que me habéis hecho sentir válido con mi sudor, pero me resultaría imposible.
Quienes me conocéis, sabéis como soy y que os tengo presentes siempre. 
Para lo bueno y para lo malo formáis parte de mi vida y no hace falta que os diga que aquí me tenéis para lo que os pueda ayudar.
Hacer una pequeña reseña a Juanjo por la gran labor, en todos los aspectos, que ha llevado a cabo desde el primer día en el que decidí llevar a cabo esta aventura.
Él fue el encargado de bautizar esta foto como "El Descanso del Guerrero".

"El Descanso del Guerrero"
Esta no será mi última aventura. En breve os haré partícipes de mi nuevo proyecto con el que espero seguir recaudando fondos para la lucha contra el cáncer.
Como reza el tatoo que adorna la parte superior de mi espalda: "Carpe Diem".
Yo hace tiempo que decidí aprovechar mi vida. Intentar "sumar" en el día a día...

Carpe Diem
No encuentro mejor foto para cerrar esta entrada que ésta.
Pienso que sobran las palabras...


¡¡Entre tod@s lo hemos conseguido!!

2 comentarios:

  1. Querido Hector, admiraba tu buen hacer, ahora aún más después de leer el gran esfuerzo que has hecho por una muy buena causa.

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