12 de marzo de 2018

CAMPEÓN DE ESPAÑA DE DUATLÓN GGEE

"Para seguir mejorando, debes salir de tu zona de confort. Entonces, voy a salir de mi zona de confort". (Lionel Sanders)


Domingo, 4 de marzo de 2018
Ya de vuelta, en el asiento del copiloto de mi furgoneta, me apetece expresar muchas cosas.
Lo resumiré diciendo que esta mañana me proclamaba Campeón de España de Duatlón MD, consiguiendo el mejor registro de todos los Grupos de Edad.
Horas y horas de entrenamiento encerrado en una cochera, con el 100% de la preparación llevada a cabo indoor, han dado sus frutos.
Me acordé de los que estáis aquí abajo y de los que me alumbran desde ahí arriba. De TOD@S los que me habéis acompañado en el camino que me ha llevado hasta la meta.
Para alguien como yo, que únicamente aspiro a ser lo más feliz posible el tiempo que el destino me tenga asignado, ha sido el mejor regalo de cumpleaños que la vida me ha podido dar.

Regalo del artista Rafa León
Unos días antes...
Pienso que las cosas no suceden por casualidad...
Después de dos meses destinando todos mis esfuerzos a prepararme lo mejor posible para estar en la salida del Campeonato de España de Duatlón MD, decido no viajar. Parece que todo se me pone en contra y tiro la toalla con una mezcla de tristeza y enfado. Frustrado por ver como se me complica todo y no saber qué hacer para remediarlo.
Quizás no merezca la pena tanto sacrificio, pienso cuatro días antes...
Le comento a mi amigo Sergio (LastraBIKE) que he decidido no viajar, explicándole mis motivos y me voy de la tienda con la sensación de frustración que me invade cada vez que hablo del tema.
No pasan diez minutos cuando recibo un WhatsApp de Sergio en el que me dice que prepare la maleta y me deje de chorradas. Él me acompañaría en esta aventura.
A contrarreloj busco un hotel donde pasar la noche (ya había cancelado el que había reservado previamente) y vuelvo a cambiar el chip. ¡Estaría en la salida!


Unas horas antes...
5:30 horas de la madrugada del sábado y arrancamos. Por delante casi diez horas de viaje, hasta llegar a nuestro destino (Orihuela).
Sin tiempo casi para ubicarnos, recogemos el dorsal y nos vamos para el hotel a descansar, previo paso por un restaurante oriental, donde cenaríamos lo más 'saludable' posible.
No consigo pegar ojo... Me despierto cada poco sudando, pero muerto de frío... ¡Menuda noche!
6:00 de la mañana y, poco más de 24 horas después de haber emprendido el viaje, suena el despertador. En poco más de tres horas tomaríamos la salida en la prueba... ¡Llegó el día con el que había soñado los últimos sesenta!.


Un croissant y un café con leche me acompañan mientras mi cabeza se imagina multitud de escenarios diferentes... Sabía que estaba fuerte. Me lo había currado.
Pero mis fantasmas comenzaban a merodear, como suelen hacerlo cada vez que huelen mis debilidades.
Con estas nos acercamos hasta la salida y -tras colocar la bici y dejar todo preparado en el área de transición- apuramos los últimos instantes antes de que nos reclamaran en 'cámara de llamadas'.


Reviso la estrategia que dos días antes había acordado con Ramón Villa, la persona que se había convertido en pieza insustituible y máximo responsable del camino que me llevó hasta la salida. Los primeros 16 kilómetros los completaría 'sin forzar', controlando que las pulsaciones no se dispararan mucho más allá de las 155 p.p.m.
Así lo hago. Soy consciente de que es una prueba muy larga y todas las balas que se puedan gastar al principio, a buen seguro, se echarían de menos al final.
Completo en el puesto 20º la T1 y cojo la bici...


Con dos minutos perdidos con la cabeza de carrera, comienzo a pedalear. Sigo manteniendo un pulso que no me lleve a la zona roja, moviendo desarrollos que tenía más que entrenados en mis largas sesiones sobre el Bkool.
Voy ganando posiciones hasta que, al paso por el kilómetro 40 aproximadamente, me sitúo primero. Comienzo a adelantar a duatletas que habían tomado la salida doce minutos antes, y pienso que todo va mejor de lo esperado.
Intento no vaciarme y sigo moviendo desarrollos, que me permiten avanzar sin hipotecar los últimos 8 kilómetros de carrera. Así, con el mejor parcial ciclista, llego a la transición y me dispongo a rematar la faena.
¡Vas primero!, me grita 'Skypi'. Asiento con la cabeza, mientras compruebo que tengo piernas y a ritmos de 3:35/3:40 voy descontando kilómetros...


Al paso por el kilómetro 5 de la T3 empiezo a creerme que me iba a convertir en Campeón de España. Solo una desgracia me impediría hacerlo.
Entre acojonado y emocionado cubro los últimos metros... ¡Lo hemos conseguido!, le grito a Sergio... ¡Lo hemos conseguido!.
Como los de verdad, nada más cruzar la meta me avisan de que debo de pasar el control antidoping y una chica no se separa de mí hasta que casi hora y media más tarde consigo orinar en un frasco... ¡Si lo llego a saber voy más despacio!, le digo a Sergio entre risas cuando por fin consigo sentirme libre...


Unas horas después...
2:30 de la mañana y 45 horas después, llegábamos a casa... Y lo hacíamos con una medalla de oro que me sabe a gloria bendita. Había vencido a mi otro yo. Ese que me lastra y me impide avanzar en ocasiones.
Había completado una carrera muy inteligente. De menos a más. Había conseguido dominar a mi cabeza y arrinconar a mis fantasmas, a base de echarle algo más que talento al tema.


Con un fragmento del libro Corriente Contra que viene como anillo al dedo, cierro esta pequeña crónica:
"(...) Al recuperar su voluntad también han vuelto a su vida las ganas de competir, el gozo en la lucha.. Paso a paso y pedalada a pedalada, Héctor va abandonando los puestos de cola en las carreras en que se inscribe. Y al mismo tiempo ingresa en un terreno que los corredores de fondo y los ciclistas conocen bien: el placer del dolor. No hablo de dolor masoquista. Hablo, como ya lo he hecho, del dolor físico que cura el dolor mental. Pero también del dolor que no solo purifica sino que también pule.
Ese dolor que nos hace mejores, más resistentes, mas dueños de nosotros mismos. Un dolor que guarda su recompensa en saber resistirlo y superarlo".

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